Las que familias y personas
compran bienes y servicios de las empresas y les venden su trabajo. Mirado desde el punto de vista de
las empresas, estas venden bienes y servicios a las familias y les compran
trabajo. ¿Cómo se ponen de acuerdo miles de empresas y millones de familias
para decidir qué comprarán unas y qué producirán otras?
Las familias y las personas,
tienen necesidades que satisfacer y recursos que limitan sus posibilidades de
satisfacerlas. Por este motivo, las familias necesitan escoger qué necesidades
solventar y en qué medida, ya que no pueden resolverlas todas. Como tienen que
elegir, familias y personas deben ser capaces de decidir cuáles necesidades son
más importantes que otras, y lo harán de acuerdo con sus propios gustos y
preferencias dentro de las limitaciones que les imponen sus recursos.
Como los recursos son limitados,
las familias preferirán comprar los bienes y servicios que necesitan donde sean
más baratos, tomando en cuenta no solo sus
precios sino también otros elementos que tienen que ver con el costo de
comprarlos. Estos elementos incluyen, por ejemplo, los costos de transporte
para llegar hasta los lugares donde se vende el bien escogido, la posibilidad
de encontrar ahí otros bienes que se desea adquirir, el tiempo involucrado en
la compra (colas en las cajas, tiempo de
transporte, etc.).

Pero, además, las familias
compararán los precios de diversos productos entre sí para decidir lo que
comprarán. Por ejemplo, cuando una mamá va
al supermercado, compara los precios de distintas frutas para saber cuáles de
ellas llevará para el postre. También
compara el precio de los distintos tipos de carne para elegir el que llevará, o
el de las diversas marcas de té o café. Aunque acostumbre a tomar un té de
cierta marca, si este está muy caro verá la posibilidad de llevar otro, o de
comprar café o té de hierbas en vez del que pensaba comprar. Todo esto se debe
hacer porque los recursos no alcanzan para todo. La escasez de los recursos está
de nuevo presente en las decisiones que tomamos todos los días.
Debido precisamente a
la escasez de los recursos, si un precio baja y los demás se mantienen igual,
en general se comprará más del producto cuyo precio bajó y menos de otros
productos. Así se podrá hacer más con los recursos existentes que si se sigue
comprando todos los productos lo mismo que antes.
Se han hecho muchos estudios
sobre la conducta de las familias y las personas en el mercado: todos concluyen
que, en la enorme mayoría de los casos, cuando un precio baja y los demás se
mantienen constantes, las familias comprarán más del producto cuyo precio bajó.
Es importante destacar que las
decisiones se toman, la mayoría de las veces comparando precios. Es decir, si
todos los precios suben o bajan al mismo tiempo, lo más probable es que las
familias sigan comprando lo mismo que antes de los diversos bienes, si su
capacidad de compra de acuerdo con sus recursos no ha cambiado. Para hacer estas comparaciones es necesario
considerar no solo el precio del bien que se busca sino también el de los demás
bienes. Por eso, implícitamente y sin pensarlo, la mamá que va al supermercado
compara los precios de los bienes que busca
en relación con los de
otros bienes. Los precios así comparados se llaman precios relativos.
Son los precios relativos los que
las familias toman en cuenta para sus decisiones: el precio de la mantequilla relativo
al de la margarina; el precio de una blusa de algodón en Falabella relativo al de
Almacenes ela; el precio de un vehículo
Nissan con el de un Subaru; el precio de un departamento de tres dormitorios de
una calidad determinada en una ubicación, relativo a aquel en otra
ubicación. El precio de la mantequilla
relativo al precio de la margarina es el precio por unidad de mantequilla, por
ejemplo, por kilo de mantequilla,
dividido por el precio de la misma unidad de margarina.
También se puede calcular el
precio relativo de un bien respecto de todos los demás bienes. Este es el
precio del bien dividido por alguna medida
de todos los precios. Una de ellas es el valor de una canasta de un grupo representativo
de bienes que generalmente adquieren las familias y personas, valor que es
calculado mes a mes en Colombia por el Departamento Nacional de Estadísticas (Dane).
Los cambios en este valor corresponden al cambio del promedio de los precios de
los productos considerados en la canasta. Estos cambios corresponden a los
del Índice de Precios al Consumidor,
IPC. El aumento o reducción del IPC de cada mes se publica, a veces muy
destacado, en toda la prensa, la radio y la televisión, y se lo llama
erróneamente “IPC del mes”, cuando en realidad es la variación porcentual del
IPC de un mes a otro. Si el precio de un producto sube más que el IPC, se dice
que ha subido su precio relativo; si sube menos que el IPC, se dice que su
precio relativo ha bajado.
Son los precios relativos los que
guían las decisiones de la gente. Si un precio relativo baja, seguramente se comprará más de ese bien
particular y, si sube, se comprará menos de él.

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